miércoles, 10 de febrero de 2016

La buena voluntad no basta

Llevo desde el viernes pasado viviendo una ruptura personal definitiva que me está haciendo replantearme muchas cosas.

Desde muy pequeño he vivido imbuido en el asociacionismo, si bien no era muy consciente de ello hasta los 16 o 17 años. He pasado por un grupo scout, por tres Parroquias, Caritas, asociación Kandil, y desde hace ya unos cuatro años miembro de una asociación de padres de niños con altas capacidades.

Todo ese proceso me ha llevado a creer de una manera firme que las cosas nunca salen
“por cojones” ni por mucho que te des contra una pared tu solo a pesar de que puedas tener o no razón. El tejido asociativo es necesario para unir fuerzas, convencer, tener repercusión, apoyarse, hacer autocrítica y reconducir el camino si es necesario.

Esto me ha traído no pocos dolores de cabeza, puesto que en cualquier lugar que se junte gente, cada uno es de su padre y de su madre y todos pensamos de manera distinta. La cuestión es si estás donde debes estar, y si los fines que persigues son los mismos que el resto de los que están a tu lado, o si por el contrario tienes intereses personales más o menos confesables que te van a  desviar y van a desvirtuar primero tu presencia ahí, y si eres lo suficientemente convincente, van a hacer que ese grupo de personas empiece a tirar en direcciones opuestas.

Digo lo de “mas o menos confesables” porque es cierto que esa dirección la tomes inconscientemente o que en la realidad sepas muy bien lo que quieres hacer y estés pervirtiendo los fines de un grupo en beneficio propio.

En el seno de Caritas y Kandil es donde pude comprobar claramente que la buena voluntad (así dicha, sin mas) es insuficiente, peligrosa, incluso dañina. El “pan para hoy y hambre para mañana” se hace realidad porque creyendo que haces un bien (inmediato) llegas a causar un mal mucho mayor (posterior, a largo plazo, del que puede que tu no llegues a ver las consecuencias).

Hubo una especie de epidemia de “activismo” al que contribuyó que a no sé quién se le ocurriese la brillante idea de hacer un “carnet de voluntario”, una especie de club de los guays en el que si no estabas eras poco menos que un asocial. Parecía que si no estabas en 17 cosas a la vez no eras nadie, sin ton ni son. La consecuencia habitual es que te quemas, acabas renegando de todo y terminas por no hacer nada, porque los resultados no son ni buenos, ni inmediatos.

Para que eso suceda lo menos posible están los programas, los objetivos, los fines. Cada uno debería preguntarse “desde dónde” hace las cosas, y no “para qué”. Siempre es bueno tener una (o varias) figuras de referencia que tengan claro hacia dónde y sean capaces de reconducir situaciones que se van de madre, con mano izquierda, y que sepan reconocer cuándo están cansados para echarse a un lado y dejar que entre savia nueva, reconocer sus propios errores y rectificar de manera pública, porque no pasa nada por hacerlo.

Lo contrario crea climas enrarecidos cuando no absolutamente tóxicos.

Me echo a un lado, no compensa, no es útil ni provechoso. La última asociación a la que pertenezco me rompe porque ya ni sus actividades están programadas ni pensadas para dar respuesta ni siquiera a su nombre, ni se cuida ni mima a los que son los destinatarios primeros y últimos de su creación: los niños.

Y tengo que recurrir de nuevo a la coherencia, al contraste con otros que me permitan dilucidar si lo que yo intuyo y veo es cierto o si estoy en un error mayúsculo dado que lo que esa asociación ofrece no le va bien a mi hijo y eso podría nublar mi juicio, pero yo confío y apoyo que a otros les pueda mejorar la vida.

Y no, no tiene sentido. Palos de ciego por doquier, personalismos, pérdida de oportunidades de oro que se han brindado en bandeja para hacer visible y lanzar un mensaje claro, común, fuerte.

Me retiro a seguir formándome en este área de las altas capacidades, tan de moda pero tan difuminada en los medios, tan potencialmente buena como desdibujada en el presente, tan enriquecedora para los educadores que lo ven como molesta para los que no lo quieren ver.


No puedo dar voz a algo con lo que no estoy de acuerdo. Buscaré otros modos, otros medios, otros grupos…