domingo, 10 de enero de 2016

Papá ¿Qué es la dignidad?

Hace bien poco íbamos en el coche y mi hijo me preguntó tras leerlo en un monumento: Papá, ¿qué es la dignidad?

Así de primeras te pilla a contrapié. Él mismo sabe que es un concepto abstracto, y de ahí su pregunta. Supone o cree que tienen algo que ver con los valores pero no es capaz de darle un contenido concreto. Su pregunta está lejos de todo prejuicio, ya que las marchas de la dignidad o el movimiento del 15M le pillaron demasiado pequeño como para recordarlas, aunque fue testigo directo de las mismas.

Su madre y yo, sin ir a la definición concreta le dimos unos ejemplos con los que pareció entenderlo en parte. Y nos pareció que estaba bastante relacionado con la asertividad: hacer valer tus derechos sin tener que pisar los de otros.

Hoy intento entrar algo más en profundidad, puesto que creo que es un concepto del que se habla mucho y se acaba desnaturalizando. Al buscar la definición de modo directo me encuentro con:
“1.Cualidad del que se hace valer como persona, se comporta con responsabilidad, seriedad y con respeto hacia sí mismo y hacia los demás y no deja que lo humillen ni degraden.
2.Cualidad de la cosa que merece respeto.”

La madre del cordero… Y ahora que hemos tenido la gran pelea por las cabalgatas que no lo eran (o si), de si los magos eran reyes, o magos, o magas, o hermafroditas, o políticos disfrazados o actores que no se creían (o si) lo que estaban haciendo, cualquiera le pone el cascabel al gato, porque claro, aquí cada uno se humilla con lo que le viene en gana, y entran en juego los prejuicios, las creencias, los lavados de cerebro y la interpretaciones intencionadas.

Voy a dejar el tema de las cabalgatas porque como católico, ni fu ni fa. La Epifanía es una fiesta bastante diferente del regalar cosas.

Creo que hay opciones que tienen mayor calado, y de mucha más profundidad. Hace no mucho tuve la suerte de compartir una de esas conversaciones que surgen cada bastante tiempo, en un ambiente de retiro y de formación católica, y con alguien cuya experiencia y sentido de lo importante (y no de lo urgente) me suele superar siempre para bien. Salió por casualidad el tema de halloween y el holy wins, además de hablar del bien y del mal, y me alegró bastante ver que mi idea contrastada con bastantes personas más era refrendada por alguien de categoría. Ni por disfrazarte de monstruito en halloween estás invocando al demonio, ni por votar al pp o a podemos eres más o menos cristiano o católico. Se puede ser buena persona en cualquier sitio, solo hay que tener claro por qué haces lo que haces.

No podemos ir por ahí haciendo las cosas solo “por ir a la contra”, no debemos pontificar sobre banalidades. ¿No tenemos otra cosa que hacer que despotricar de unos trajes que, aun siendo desacertados, a los niños les ha dado francamente lo mismo porque ellos estaban viendo a los reyes magos? ¿No será que nos molestan cosas que si nos paramos a pensar fríamente no tendrían ni que inmutarnos? ¿De verdad nuestra fe depende de cómo nos vistamos o de que salgamos a la calle de una u otra manera a manifestarnos? ¿No será que utilizamos todo eso para no mirar dentro y reconocer algo de nosotros mismos que no nos gusta?

Somos unos intransigentes de tomo y lomo, porque además no solemos consentir que alguien cambie de opinión (y todo el mundo está en su derecho de hacerlo) y atacamos con toda la artillería hasta intentar influir en lo personal cuando alguien ha hecho algo por virtud de su cargo público. Y la prensa más interesada que nunca según quién sea su propietario no ayuda nada a esclarecer de qué va la vaina. Cuánta confusión.

Creo que dignidad es seguir tu vida hasta al final, con sus planteamientos, aun a la contra, o siguiendo la marea, pero siempre sabiendo qué, y sabiendo explicar el qué.


Al menos espero poder explicárselo a mi hijo, con la cabeza muy muy alta.

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