Hace bien poco íbamos en el coche
y mi hijo me preguntó tras leerlo en un monumento: Papá, ¿qué es la dignidad?
Así de primeras te pilla a
contrapié. Él mismo sabe que es un concepto abstracto, y de ahí su pregunta.
Supone o cree que tienen algo que ver con los valores pero no es capaz de darle
un contenido concreto. Su pregunta está lejos de todo prejuicio, ya que las
marchas de la dignidad o el movimiento del 15M le pillaron demasiado pequeño
como para recordarlas, aunque fue testigo directo de las mismas.
Su madre y yo, sin ir a la
definición concreta le dimos unos ejemplos con los que pareció entenderlo en
parte. Y nos pareció que estaba bastante relacionado con la asertividad: hacer
valer tus derechos sin tener que pisar los de otros.
Hoy intento entrar algo más en
profundidad, puesto que creo que es un concepto del que se habla mucho y se
acaba desnaturalizando. Al buscar la definición de modo directo me encuentro
con:
“1.Cualidad del que se hace valer
como persona, se comporta con responsabilidad, seriedad y con respeto hacia sí
mismo y hacia los demás y no deja que lo humillen ni degraden.
2.Cualidad de la cosa que merece
respeto.”
La madre del cordero… Y ahora que
hemos tenido la gran pelea por las cabalgatas que no lo eran (o si), de si los
magos eran reyes, o magos, o magas, o hermafroditas, o políticos disfrazados o
actores que no se creían (o si) lo que estaban haciendo, cualquiera le pone el
cascabel al gato, porque claro, aquí cada uno se humilla con lo que le viene en
gana, y entran en juego los prejuicios, las creencias, los lavados de cerebro y
la interpretaciones intencionadas.
Voy a dejar el tema de las
cabalgatas porque como católico, ni fu ni fa. La Epifanía es una fiesta
bastante diferente del regalar cosas.
Creo que hay opciones que tienen
mayor calado, y de mucha más profundidad. Hace no mucho tuve la suerte de
compartir una de esas conversaciones que surgen cada bastante tiempo, en un ambiente
de retiro y de formación católica, y con alguien cuya experiencia y sentido de
lo importante (y no de lo urgente) me suele superar siempre para bien. Salió
por casualidad el tema de halloween y el holy wins, además de hablar del bien y
del mal, y me alegró bastante ver que mi idea contrastada con bastantes
personas más era refrendada por alguien de categoría. Ni por disfrazarte de
monstruito en halloween estás invocando al demonio, ni por votar al pp o a
podemos eres más o menos cristiano o católico. Se puede ser buena persona en
cualquier sitio, solo hay que tener claro por qué haces lo que haces.
No podemos ir por ahí haciendo
las cosas solo “por ir a la contra”, no debemos pontificar sobre banalidades.
¿No tenemos otra cosa que hacer que despotricar de unos trajes que, aun siendo
desacertados, a los niños les ha dado francamente lo mismo porque ellos estaban
viendo a los reyes magos? ¿No será que nos molestan cosas que si nos paramos a
pensar fríamente no tendrían ni que inmutarnos? ¿De verdad nuestra fe depende de cómo nos vistamos o de que salgamos a la calle de una u otra manera a manifestarnos? ¿No será que utilizamos todo eso para no mirar dentro y reconocer algo de nosotros mismos que no nos gusta?
Somos unos intransigentes de tomo
y lomo, porque además no solemos consentir que alguien cambie de opinión (y
todo el mundo está en su derecho de hacerlo) y atacamos con toda la artillería
hasta intentar influir en lo personal cuando alguien ha hecho algo por virtud
de su cargo público. Y la prensa más interesada que nunca según quién sea su
propietario no ayuda nada a esclarecer de qué va la vaina. Cuánta confusión.
Creo que dignidad es seguir tu
vida hasta al final, con sus planteamientos, aun a la contra, o siguiendo la
marea, pero siempre sabiendo qué, y sabiendo explicar el qué.
Al menos espero poder
explicárselo a mi hijo, con la cabeza muy muy alta.
No hay comentarios:
Publicar un comentario