martes, 5 de agosto de 2014

Canciones



Son muchas las películas y relatos que hablan de “Nuestra canción”. Ya sean de amor o la canción favorita de alguien, es algo que parta mí resulta muy difícil escrutar.

Al igual con los grupos o cantantes de preferencia de cada uno. Los momentos personales, las etapas de la vida, los sucesos concretos del día a día, pueden marcar los gustos de cada cual de muchas maneras distintas. Y la forma de pensar también. Pese a reconocer que algún artista pueda tener buenas canciones puntuales, para mí el artista debe ser bueno y además parecerlo, y quizá por eso les tenga tanta manía a gente como Sabina, Mecano o Antonio Vega (venga, ya podéis empezar a crucificarme: no he dicho que sean malos, he dicho que no les tengo simpatía pero tienen buenas canciones).

Ya en el post anterior avancé un poco de mí mismo, de la trayectoria y de lo que la música puede significar en mi vida. Hoy necesito concretar algo más, pero no puedo quedarme (ni creo que pueda nunca) con una sola canción, grupo o cantante.

Nombraré varias y sus por qués, con la seguridad de dejarme alguna en el tintero, bien por olvido o porque ahora no la tenga muy presente. Y también tengo en cuenta que lo que me gusta a mí no le tiene por qué gustar a los demás. La armonía y la melodía tienen sus misterios, y en ellos también está la belleza de la música. No pretendo hacer una lista de canciones imprescindibles, cada uno tendrá las suyas. Tampoco creo que vaya a innovar en exceso ni descubrir algún grupo oculto que se convierta en pelotazo mundial. Es solo lo que me gusta.

Comenzaré por la más representativa, la que me descubrió de nuevo las posibilidades de cantar y reconocer que no lo hacía mal. Un hitazo ochentero con ritmo de balada y versionado hasta la saciedad. Aunque Danza Invisible y Javier Ojeda le hayan llegado a tener una manía marcada hasta hace no mucho, que yo creo que volvieron a reconocer que era una gran canción y retomaron con más gusto en los directos. Sin duda, “Sabor de Amor” me configura, forma parte de mí y de mi propia historia de amor con mi mujer. Es un himno de otra época de melodías más dulces y menos machaconas. De recuerdos a soul y a grupos con empaque, voces bien empastadas y producciones cuidadosas.

Más o menos de la misma época y otro de los grupos que solía actuar en el antiguo auditorio del parque de atracciones de Madrid, “Alma de Blues” recorría con fuerza mi espalda y me erizaba el vello con solo escuchar el fraseo inicial de la guitarra de Juan Luis Jiménez. Al pie de la letra de la canción constaba un lacónico “A Billie Holiday” que me hizo buscar quién era esa señora, y me llevó, cómo no, a escuchar sus discos y su forma de cantar. Curiosa casualidad que precisamente hoy 05/08 publique Javier Ojeda en su blog un artículo ya publicado el día 1 en el que también mencionaba a ésta cantante de jazz de voz rota y matices tan difíciles de mostrar en una partitura. En fin, que aquella canción de Presuntos Implicados fue mi entrada al jazz más clásico con un disco recopilatorio de Count Basie, Billie Holiday, Ella Fitgerald y algún que otro monstruo como quedan pocos. A Dizzie Gillespie, Louis Armstrong o Miles Davies les investigué por mi cuenta.

Ya he contado que del amor al odio con U2 hubo solo un paso que consistió en hacer un trabajo para clase de música resumiendo un libro biográfico bastante malillo, todo hay que decirlo, pero que tenía al final todas las letras hasta la fecha del grupo (por aquel entonces el último disco era Rattle and Hum, y muchos rumores de que se habían separado). Difícil también identificar una, pero me quedo con la requetetocada “With or without you”, que también me valió para descubrir que podía cantar en inglés, y nada mal a juzgar por las reacciones de quienes me rodeaban.

Y aunque pueda parecer lo contrario por lo dicho antes, soy un amante del rock, de los riff potentes y directos de notas bien escogidas aunque no tan bien ejecutadas. Mi profesor de guitarra decía que yo tocaba la guitarra como “Raúl”, y que necesitaba tocar más como “Simeone” (no me gusta el fútbol pero el simil creo que se entenderá). Led Zeppelin y su “Whole lotta love” dan fe, así como mi hijo y su temprano gusto por el metal.

En cuanto a creatividad idolatro a ese humano tan difícil de ver como gozoso de escuchar que es Prince. En ocasiones su falta de moderación ha podido afectar a la calidad de lo que grababa, hasta el punto de hacer discos larguísimos y difíciles de escuchar, pero es innegable la capacidad bárbara de componer, tocar tropecientos instrumentos y cantar, y además hacerlo bien. Por poner una, me voy a quedar con “Get Off”, de la época de la New Power Generation, del sonido más brillante y la banda más energética, aunque es cierto que ha recuperado mucho de la grandeza de antaño, incluso se permite hacer apariciones esporádicas y en plan sorpresa acompañando a algún otro grupo en festivales de jazz o conciertos.

Hay artistas que para mí siempre han tenido un cierto halo de madurez, de riesgo, de dar la impresión de que siempre saben muy bien lo que hacen aunque sea la primera vez. Santiago Auserón y toda su trayectoria serían claro ejemplo de ello. “No más lágrimas” resulta ser tan cantable con una sola guitarra como con una orquesta sinfónica. Es alguien que nunca deja de investigar y deja una impronta distinta en quien le escucha. Parecía que Radio Futura no dejaría avanzar a Juan Perro, pero no es así, o a mí no me lo parece.

También hay espacio para el pop algo mas naif, más sencillo de escuchar y más de masas. Amaral y “Cómo hablar”, a pesar de su sencillez tanto en lo musical como en las letras, funciona, sobre todo en directo, apela a la fibra de lo que todos alguna vez hemos vivido, y se deja sentir cálidamente.

Hoy por hoy, el mayor valor y lo que me parece más difícil de conseguir es transmitir optimismo. Y hay gente que lo hace muy bien: Franz Ferdinand me parecen inconmensurables para eso, muy difíciles de batir, además de tener un directo potente, para no dejar de saltar. “Do you want you”, no digo más.

Voy a abreviar, que me está quedando un poco brasas éste post. Y lo voy a hacer con otra dosis divertida de optimismo, y por el cariño que le tengo a Conchita. “Tralará” es lo canción que más me ha hecho sonreír en mucho tiempo. Y a mi hija le encanta.

Gracias por leerme. Ya os dejo vivir tranquilos.

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