Son muchas las películas y
relatos que hablan de “Nuestra canción”. Ya sean de amor o la canción favorita
de alguien, es algo que parta mí resulta muy difícil escrutar.
Al igual con los grupos o
cantantes de preferencia de cada uno. Los momentos personales, las etapas de la
vida, los sucesos concretos del día a día, pueden marcar los gustos de cada
cual de muchas maneras distintas. Y la forma de pensar también. Pese a
reconocer que algún artista pueda tener buenas canciones puntuales, para mí el
artista debe ser bueno y además parecerlo, y quizá por eso les tenga tanta
manía a gente como Sabina, Mecano o Antonio Vega (venga, ya podéis empezar a
crucificarme: no he dicho que sean malos, he dicho que no les tengo simpatía
pero tienen buenas canciones).
Ya en el post anterior avancé un
poco de mí mismo, de la trayectoria y de lo que la música puede significar en
mi vida. Hoy necesito concretar algo más, pero no puedo quedarme (ni creo que
pueda nunca) con una sola canción, grupo o cantante.
Nombraré varias y sus por qués,
con la seguridad de dejarme alguna en el tintero, bien por olvido o porque
ahora no la tenga muy presente. Y también tengo en cuenta que lo que me gusta a
mí no le tiene por qué gustar a los demás. La armonía y la melodía tienen sus
misterios, y en ellos también está la belleza de la música. No pretendo hacer
una lista de canciones imprescindibles, cada uno tendrá las suyas. Tampoco creo
que vaya a innovar en exceso ni descubrir algún grupo oculto que se convierta
en pelotazo mundial. Es solo lo que me gusta.
Comenzaré por la más
representativa, la que me descubrió de nuevo las posibilidades de cantar y
reconocer que no lo hacía mal. Un hitazo ochentero con ritmo de balada y
versionado hasta la saciedad. Aunque Danza Invisible y Javier Ojeda le hayan
llegado a tener una manía marcada hasta hace no mucho, que yo creo que
volvieron a reconocer que era una gran canción y retomaron con más gusto en los
directos. Sin duda, “Sabor de Amor” me configura, forma parte de mí y de mi propia
historia de amor con mi mujer. Es un himno de otra época de melodías más dulces
y menos machaconas. De recuerdos a soul y a grupos con empaque, voces bien
empastadas y producciones cuidadosas.
Más o menos de la misma época y
otro de los grupos que solía actuar en el antiguo auditorio del parque de
atracciones de Madrid, “Alma de Blues” recorría con fuerza mi espalda y me
erizaba el vello con solo escuchar el fraseo inicial de la guitarra de Juan
Luis Jiménez. Al pie de la letra de la canción constaba un lacónico “A Billie
Holiday” que me hizo buscar quién era esa señora, y me llevó, cómo no, a
escuchar sus discos y su forma de cantar. Curiosa casualidad que precisamente
hoy 05/08 publique Javier Ojeda en su blog un artículo ya publicado el día 1 en
el que también mencionaba a ésta cantante de jazz de voz rota y matices tan
difíciles de mostrar en una partitura. En fin, que aquella canción de Presuntos
Implicados fue mi entrada al jazz más clásico con un disco recopilatorio de
Count Basie, Billie Holiday, Ella Fitgerald y algún que otro monstruo como
quedan pocos. A Dizzie Gillespie, Louis Armstrong o Miles Davies les investigué
por mi cuenta.
Ya he contado que del amor al
odio con U2 hubo solo un paso que consistió en hacer un trabajo para clase de
música resumiendo un libro biográfico bastante malillo, todo hay que decirlo,
pero que tenía al final todas las letras hasta la fecha del grupo (por aquel
entonces el último disco era Rattle and Hum, y muchos rumores de que se habían
separado). Difícil también identificar una, pero me quedo con la requetetocada
“With or without you”, que también me valió para descubrir que podía cantar en
inglés, y nada mal a juzgar por las reacciones de quienes me rodeaban.
Y aunque pueda parecer lo
contrario por lo dicho antes, soy un amante del rock, de los riff potentes y
directos de notas bien escogidas aunque no tan bien ejecutadas. Mi profesor de
guitarra decía que yo tocaba la guitarra como “Raúl”, y que necesitaba tocar
más como “Simeone” (no me gusta el fútbol pero el simil creo que se entenderá).
Led Zeppelin y su “Whole lotta love” dan fe, así como mi hijo y su temprano
gusto por el metal.
En cuanto a creatividad idolatro
a ese humano tan difícil de ver como gozoso de escuchar que es Prince. En
ocasiones su falta de moderación ha podido afectar a la calidad de lo que
grababa, hasta el punto de hacer discos larguísimos y difíciles de escuchar,
pero es innegable la capacidad bárbara de componer, tocar tropecientos
instrumentos y cantar, y además hacerlo bien. Por poner una, me voy a quedar
con “Get Off”, de la época de la New Power Generation, del sonido más brillante
y la banda más energética, aunque es cierto que ha recuperado mucho de la
grandeza de antaño, incluso se permite hacer apariciones esporádicas y en plan
sorpresa acompañando a algún otro grupo en festivales de jazz o conciertos.
Hay artistas que para mí siempre
han tenido un cierto halo de madurez, de riesgo, de dar la impresión de que
siempre saben muy bien lo que hacen aunque sea la primera vez. Santiago Auserón
y toda su trayectoria serían claro ejemplo de ello. “No más lágrimas” resulta
ser tan cantable con una sola guitarra como con una orquesta sinfónica. Es
alguien que nunca deja de investigar y deja una impronta distinta en quien le
escucha. Parecía que Radio Futura no dejaría avanzar a Juan Perro, pero no es
así, o a mí no me lo parece.
También hay espacio para el pop
algo mas naif, más sencillo de escuchar y más de masas. Amaral y “Cómo hablar”,
a pesar de su sencillez tanto en lo musical como en las letras, funciona, sobre
todo en directo, apela a la fibra de lo que todos alguna vez hemos vivido, y se
deja sentir cálidamente.
Hoy por hoy, el mayor valor y lo
que me parece más difícil de conseguir es transmitir optimismo. Y hay gente que
lo hace muy bien: Franz Ferdinand me parecen inconmensurables para eso, muy
difíciles de batir, además de tener un directo potente, para no dejar de
saltar. “Do you want you”, no digo más.
Voy a abreviar, que me está
quedando un poco brasas éste post. Y lo voy a hacer con otra dosis divertida de
optimismo, y por el cariño que le tengo a Conchita. “Tralará” es lo canción que
más me ha hecho sonreír en mucho tiempo. Y a mi hija le encanta.
Gracias por leerme. Ya os dejo
vivir tranquilos.
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