Somos chismosos. Nos mola que nos
den cera, y repartirla a diestro y siniestro sin importarnos muchas veces si lo
que decimos o no es cierto, sino solo con el ánimo de quedarnos a gusto.
Ésta sería una práctica incluso
sana, si no fuera porque podemos herir, y mucho, a bastantes personas que nos
rodean.
En éstas fiestas navideñas no
falta la cena o comida familiar en la que algún tema escabroso salte y se haga
añicos el clima de aparente fraternidad.
Puedo entender discusiones sobre
si alguien tiene razón o no en alguna cuestión en la que se cuenten con más o
menos datos, razonamientos o motivos. Pero ¿tener razón en que alguien te cae
mal? ¿De verdad nos creemos lo que sale en Sálvame y que los motivos que
alguien tiene para discutir con otro porque sí están fundados?
No puedo. No tiene sentido. No
hay motivos por los que se pueda determinar por qué alguien te cae mejor o
peor, ni si te has enamorado de una u otra persona, o si tienes química con
algún familiar sí y con otro no. Pero al que no le guste, o no tenga esa
química, o sienta la imperiosa necesidad de criticar, lo mejor que le queda es
callarse, poner buena cara y a otra cosa mariposa.
Se llama “saber estar”, y es una
cuestión tan lógica como de sentido común y educación. No hacerlo es, cuando
menos, de una prepotencia y autosuficiencia que linda la tontería, y te hace
quedar bastante solo.
Guardemos las formas. Ya habrá
tiempo y excusas para tirarnos los trastos a la cabeza.
No hay comentarios:
Publicar un comentario