lunes, 29 de diciembre de 2014

Dimes y diretes



Somos chismosos. Nos mola que nos den cera, y repartirla a diestro y siniestro sin importarnos muchas veces si lo que decimos o no es cierto, sino solo con el ánimo de quedarnos a gusto.

Ésta sería una práctica incluso sana, si no fuera porque podemos herir, y mucho, a bastantes personas que nos rodean.

En éstas fiestas navideñas no falta la cena o comida familiar en la que algún tema escabroso salte y se haga añicos el clima de aparente fraternidad.

Puedo entender discusiones sobre si alguien tiene razón o no en alguna cuestión en la que se cuenten con más o menos datos, razonamientos o motivos. Pero ¿tener razón en que alguien te cae mal? ¿De verdad nos creemos lo que sale en Sálvame y que los motivos que alguien tiene para discutir con otro porque sí están fundados?

No puedo. No tiene sentido. No hay motivos por los que se pueda determinar por qué alguien te cae mejor o peor, ni si te has enamorado de una u otra persona, o si tienes química con algún familiar sí y con otro no. Pero al que no le guste, o no tenga esa química, o sienta la imperiosa necesidad de criticar, lo mejor que le queda es callarse, poner buena cara y a otra cosa mariposa.

Se llama “saber estar”, y es una cuestión tan lógica como de sentido común y educación. No hacerlo es, cuando menos, de una prepotencia y autosuficiencia que linda la tontería, y te hace quedar bastante solo.
Guardemos las formas. Ya habrá tiempo y excusas para tirarnos los trastos a la cabeza.

No hay comentarios:

Publicar un comentario