Según la Wikipedia, sinestesia sería la asimilación conjunta o interferencia de varios tipos de sensaciones de diferentes sentidos en un mismo acto perceptivo.
Traigo semejante definición que a muchos les resultará extrañísima, porque ayer noche, mientras leía un artículo de Almudena Grandes reparé en que si conozco el género del autor de lo que estoy leyendo, tiendo a recrearlo en mi cabeza con voz de mujer u hombre, según se trate. Esto es una mera asociación, y si bien no había reparado hasta la fecha en ello, me recordó una de esas agradables e inesperadas conversaciones que dejan huella en la memoria.
Coincidí tras un curso de canto y tomando la preceptiva cerveza posterior, con una profesora de dibujo de secundaria (junto con su pareja, mi mujer, y Angelines, que da unos cursos que recomiendo desde ya). Comenzamos a hablar de arte, del interés de mis hijos por aprender a dibujar, de la música, y de cómo se despertó en mi la pasión por la pintura expresionista y abstracta tras ser un ávido lector enamorado del teatro, y dar con un profesor de Historia del Arte que consiguió abrir un mundo hasta la fecha inexplorado.
Estaba en COU (lo que hoy sería 2º de Bachillerato), y Don Julio nos recomendó visitar en el Reina Sofía una exposición de artistas de vanguardia que se llamó “Cocido y Crudo”, así como diferentes libros sobre arte de los que yo elegí “De los Espiritual en el Arte” de Wassily Vasílievich Kandinsky, con la suerte de que al inicio del siguiente año hubo una exposición sobre Piet Mondrian y el propio Kandinsky en la Fundación Mapfre.
En “De lo Espiritual en el Arte”, Kandinsky realiza un ejercicio didáctico en el que explica y realiza símiles entre diferentes tonalidades de colores y los sonidos y timbres de los instrumentos, lo que al menos a mí me ayudó mucho a entender la pintura abstracta y el lenguaje pictórico en sí.
Se me abrió la mente, comencé a contemplar las artes como un todo muy difícil de separar (si acaso la danza se me escapa un poco más) y que deberían ofrecerse de una manera conjunta más a menudo, para facilitar el paso de una a otra.
Es aquí donde vuelvo a aquella cálida conversación y el descubrimiento del término “sinestesia”. Resulta que sí, que hay personas que cuando ven un color escuchan un sonido, o que en determinadas circunstancias al tocar algo notan un sabor distinto. En un suceso neurofisiológico, que curiosamente se acentúa con la depresión, y que puede llegar a ser patológico, pero que al menos, en lo que al arte respecta, parece enriquecer mucho la experiencia sensitiva. Me resultó muy interesante, muy poco nombrado al contrario que otro tipo de fenómenos de éste tipo, y que al menos ayer recordé con cariño y me apetecía escribirlo.
Os deseo un 2015 lleno de arte, en cualquiera de sus expresiones.
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