lunes, 2 de febrero de 2015

A tumba abierta



En ocasiones tengo la sensación de que no hay freno, de que la vida te arroya y tienes pocos instrumentos para parar, para reflexionar y tomar el control, de que la improvisación es el único instrumento y posibilidad de lucha coherente con los acontecimientos cotidianos, ya que cualquier tipo de plan a medio plazo es dinamitado en el más corto plazo imaginable, y con difícil encaje en las salidas que uno había pensado.

A perro flaco todo son pulgas, y la gripe se alía con la decrepitud laboral para no darme respiro y situarme en un sin vivir continuo, una vorágine de ir y venir compatibilizando ratos de cama con hacer de chófer de mis hijos al asalto de una a otra actividad, de un colegio a otro, y la casa sin barrer.

No ayuda que mi trabajo sea monótono, aburrido, improductivo y mal remunerado, que cualquier niño de trece años sería capaz de hacer con apenas 15 minutos de formación. Y no me vale lo de “al menos tienes trabajo” ni la excusa de la crisis económica. Se me acaba la paciencia, se me ocurren miles de alternativas para amortizar las absurdas horas pasadas en el trabajo, fundamentalmente con mi mujer y con mis hijos. Apretar tornillos durante toda la jornada me parecería más útil.

La semana pasada escuchaba en la radio una curiosa manera de decir que no hay trabajo. Resulta que ahora hay “actividad”, pero no remunerada, no hay trabajo para todos. Mire usted, no hay quien lo entienda. O es una triquiñuela para justificar a los de siempre o lo de la revolución digital se me escapa de las manos.

Al menos uno tiene la impresión de estar bien considerado por compañeros y amigos, de que mantener la honestidad y la integridad, ser fiel a los principios de uno mismo y seguir formándose y esperanzado dará resultado en algún momento.

Surgen proyectos, te proponen cosas, que ayudan a mantenerme ocupado, pero que no solucionan ni el síndrome del padre ausente ni la dependencia económica. Más bien al contrario, me empiezo a agobiar en mis propios conocimientos y en mi buenismo por ayudar a los demás.

¿Será que no sé decir que no?

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