En ocasiones tengo la sensación
de que no hay freno, de que la vida te arroya y tienes pocos instrumentos para
parar, para reflexionar y tomar el control, de que la improvisación es el único
instrumento y posibilidad de lucha coherente con los acontecimientos
cotidianos, ya que cualquier tipo de plan a medio plazo es dinamitado en el más
corto plazo imaginable, y con difícil encaje en las salidas que uno había
pensado.
A perro flaco todo son pulgas, y
la gripe se alía con la decrepitud laboral para no darme respiro y situarme en
un sin vivir continuo, una vorágine de ir y venir compatibilizando ratos de
cama con hacer de chófer de mis hijos al asalto de una a otra actividad, de un
colegio a otro, y la casa sin barrer.
No ayuda que mi trabajo sea
monótono, aburrido, improductivo y mal remunerado, que cualquier niño de trece
años sería capaz de hacer con apenas 15 minutos de formación. Y no me vale lo
de “al menos tienes trabajo” ni la excusa de la crisis económica. Se me acaba
la paciencia, se me ocurren miles de alternativas para amortizar las absurdas
horas pasadas en el trabajo, fundamentalmente con mi mujer y con mis hijos.
Apretar tornillos durante toda la jornada me parecería más útil.
La semana pasada escuchaba en la
radio una curiosa manera de decir que no hay trabajo. Resulta que ahora hay
“actividad”, pero no remunerada, no hay trabajo para todos. Mire usted, no hay
quien lo entienda. O es una triquiñuela para justificar a los de siempre o lo
de la revolución digital se me escapa de las manos.
Al menos uno tiene la impresión
de estar bien considerado por compañeros y amigos, de que mantener la
honestidad y la integridad, ser fiel a los principios de uno mismo y seguir
formándose y esperanzado dará resultado en algún momento.
Surgen proyectos, te proponen
cosas, que ayudan a mantenerme ocupado, pero que no solucionan ni el síndrome
del padre ausente ni la dependencia económica. Más bien al contrario, me
empiezo a agobiar en mis propios conocimientos y en mi buenismo por ayudar a los
demás.
¿Será que no sé decir que no?
No hay comentarios:
Publicar un comentario