sábado, 14 de marzo de 2015

¿La Crisis de los Cuarenta?



Recuerdo que tuve una compañera de trabajo que al pasar de los 29 a los 30 estaba malhumorada, no quería ni que se la felicitara, y cada vez que descubría una cana en su morena cabellera todos los que estábamos alrededor y por supuesto no habíamos reparado en el pelo blanco, nos enterábamos del suceso cual información de las noticias.

Me hace gracia haber tenido que calcular exactamente cuántos años tengo. Me surgió la duda por las notificaciones de alguna red social, y al ver mi propio perfil ponía un año más de los que realmente tengo, así que he hecho las cuentas, a ver si me estaba quitando un año (uno no anda por ahí diciendo la edad que tiene cada dos por tres). No, todo correcto, sigo teniendo los mismos años que creía que tenía la semana pasada.

Como si cumplir años fuese malo. A mí lo que me hace mayor es ver crecer a mis hijos, los kilos de más, las oportunidades perdidas, los sueños pendientes. Pero mi aspecto, para bien o para mal, pocas veces me ha condicionado. Soy muy afortunado en muchos aspectos y tengo una pareja más que comprensiva en éste otro.

Sí que me sentó mal que con trece años yendo a comer con mis padres al servirme me llamasen “señor”. De verdad, ¿SEÑOR?, es que no lo entendía. Todavía tenía pelo que peinar, jovencito, de buen ver. Bueno, supongo que fue coletilla de la señora que nos servía, pero me pilló a contrapié. No sé si por altura, por seriedad o por madurez, pero sí que estaba habituado a que los niños más pequeños que yo, o mis iguales cuando no me conocían, me echaran algún añito de más. Nunca me importó.

Y éste fin de semana pasado se deslizó el mismo tema en una presentación (espero que no te siente mal si lo lees, Sonia) y me hizo bastante gracia que la que solo tenía 39 años fuese una pipiola. Pocas veces he entendido lo de la crisis de los cuarenta. Tampoco desde el punto de vista laboral, ya que yo opino que es una etapa muy rica en unión de una experiencia suficiente, y una vitalidad que puede dar muchos frutos. No me parece ni justo ni fundamentado.

No os he dicho mi edad (aunque la mayoría la sabéis). Ésta mañana al terminar una conversación con un cliente una compañera me ha dicho que tengo voz de locutor, y tan contento. El que no se consuela es porque no quiere.

1 comentario:

  1. jajajaja!!! ...no me sienta mal en absoluto, Antonio. De hecho cuando tenga 49 estoy segura que seguriré siendo pipiola, y si no... que se lo pregunten a mi madre ;)
    En ocasiones se le da demasiada importancia a la edad cronológica, que aunque la tiene en el sentido de los cambios físicos que vamos experimentando (algunos a peor, pero muchos para mejor). Sin embargo, la edad realmente importante es la que se lleva dentro...y para eso no existe una cifra, sólo un sentimiento.
    ¡Un abrazo! ..y enhorabuena por el blog

    ResponderEliminar