Llevamos 3 colegios cuando lo normal en un niño de la edad del mio es que solo hayan pasado por uno.
Ésta semana estamos particularmente sensibles con el tema de nuevo. A raíz de un post de Estelita Lara en facebook en el que se nos rompían otra vez las esperanzas y todo volvía a parecer negro.
Lo hemos vivido, hemos sentido de nuevo ese rechazo y esa incomprensión a pesar de las asociaciones, de los congresos, de las lecturas, de la pedagogía, de la diferencia mil veces repetida entre alta capacidad y alto rendimiento, de los problemas que (a veces, no siempre) van a asociados a tener alta capacidad. Y no puedes evitar sentirte cansado, desanimado.
Soy asiduo y ávido lector. Llevaba tiempo sin escribir entre otras cosas porque no tengo muy claro si con tanta literatura sobre altas capacidades estamos haciendo un favor a alguien o liándoles más. Por otra parte, el haberme roto el brazo hace unos meses te ayuda a desconectar mucho, a fijarte en detalles como poder llevar a los niños al colegio con menos prisas, y a relativizar lo que lees y compartir menos cosas pero más meditadas.
De primeras os recomiendo, como no puede ser de otra manera, el blog de Estela. No es tan técnico como otros y precisamente por eso te haces una idea real de lo que es vivir con un hijo de éstas características en casa: http://viviendoconsuperdotados.blogspot.com.es/
Como bien decía Estela en su vídeo del otro día, nosotros no pedimos esto, no lo buscamos, no lo pretendemos. Nos ha venido dado y a nuestros hijos se les ha identificado como alto capaces, cosa que en muchas ocasiones nos gustaría que no fuera así por toda la mochila con la que se les carga, prejuicios y mitos incluidos.
Y cómo no, en facebook también tenemos la moneda de las opiniones vertidas con poco respeto, pensando lo justo o sin conocer un tema. Yo mismo he caído mas de una vez en ello: frases cortas pero efectivas, incluso malsonantes (me voy reciclando). Y no me estoy refiriendo a la bromas, creo que sé distinguir bastante bien entre algo hecho para hacer gracia y algo que hiere de manera directa o vertido sin respeto. Al estudiar Derecho todos leímos que cuando algo se hace "iocandi causae" tiene un sentido distinto, aunque a juzgar por la persecución de ciertos tuiteros ésto se pueda poner muy en duda.
Tiene toda la razón del mundo Belén Ros cuando dice sin tapujos que en España simple y llanamente no se atienden las altas capacidades en la escuela. Y a su estupendo blog me remito: http://rosabogadosgranada.blogspot.com.es/
Con éste panorama nos enfrentamos a la búsqueda de un colegio o instituto para empezar la secundaria, y tenemos la cabeza a reventar: colegios que quieren venderte su idea (cuando conoces a más de uno que ha tenido malas experiencias dentro); colegios que intentan pasar desapercibidos para que ni siquiera intentes entrar, que la ratio está como está y no está el horno para bollos; institutos que te recomiendan y a los que piensas que es mejor ni acercarse pero hay gente que te habla bien de ellos.
En definitiva y lastimosamente, dependemos de nuevo de que nos toque algún profesor que enganche con nuestro hijo, que le sepa llevar, que no choque frontalmente...
¡Deseadnos suerte!
Cástor contra Pólux
martes, 31 de enero de 2017
lunes, 13 de junio de 2016
Desencanto
Todavía recuerdo con nitidez la
primera victoria de Zapatero y aquel “no nos falles” que se gritaba tras la
barbarie cometida del 11M y después de haber comprobado que el Partido Popular
era capaz de mentir a la cara de todos los ciudadanos mostrándose además
orgulloso de hacerlo. Me alegré y mucho, y por lo menos creo que esos primeros
cuatro años del PSOE fueron bastante buenos en muchos términos. Después vuelta
la burra al trigo, negar la evidencia de la crisis y hacerlo rematadamente mal
casi hicieron de Aznar un buen Presidente del Gobierno. Qué decepción. Qué
pena.
Con más nitidez e ilusión
recuerdo observar el 15M, incluso participar levemente en algunos debates,
acudir con mis hijos, pensar que era posible otra forma de encarrilar la vida
pública, la justicia, el trabajo, la conciliación. Pero eso no se tradujo en
cambios, en votos, en nada tangible, se esfumó e incluso dejó un poso amargo
para los que vimos que unos pocos lo han vuelto a utilizar para auparse por
encima de otros. Un antiguo jefe me dijo que yo era un iluso, un utópico, y
tenía razón, toda la razón.
Y pasó el tiempo y nació un libro
disco llamado “Santa María de los Indignados” donde varios cantautores y poetas
católicos aparecían para dar una versión distinta de ese Evangelio que muchas
veces se nos muestra mojigato, meapilas, calientabancos, tan bonito como inútil.
Y por primera vez un poeta me hizo llorar en un recital y albergar nuevas
esperanzas de que podríamos transformar el hastío y la indignación en
esperanza: “es la hora, es ésta hora…”
El Partido por un Mundo Más Justo
y su fraternismo ha representado para mí todo eso condensado en una posibilidad
de éxito, de llevar buenas noticias a la gente, de que no todo fuera en vano.
Soy de izquierdas desde que tengo conciencia política, y me explico: cuando era
pequeño mi padre era de derechas, y en las poquísimas ocasiones en que salía el
tema supongo que yo defendía a AP, o el PP, o como quiera que se llamara. Uno
de los hijos de un alcalde franquista tenía pocas posibilidades de ser de
izquierdas, pero en mi eso quedaba muy lejos. También soy católico desde que
nací (porque mis padres también lo eran), y un proceso posterior de conversión
me hizo ser consciente de ello y aceptar plenamente esa fe.
Siempre he tenido la suerte de
vivir en un barrio obrero, tanto con mis padres como al formar mi familia.
Pegado a la realidad, a los problemas, de un barrio que un tiempo fue marginal
y se despertó a golpe de riñón contra la heroína de los 80, las crisis de los
90, las burbujas inmobiliarias y lo que esté por venir. Estudié con
franciscanos y jesuitas y a pesar de un teórico elitismo de mi escuela y
universidad lo que yo viví fue humanidad, cercanía, formación para ser
consciente del mundo en el que vives y transformarlo por y para los demás.
Al estudiar historia
contemporánea a los 13 años intuí que un católico ha de estar comprometido
política y socialmente, que no te puedes esconder, que leer y asumir el
evangelio es mucho más que hacer buenas obras de vez en cuando, que ello
perfora tu vida de pies a cabeza. Y vino la revolución bolchevique, la
revolución industrial, saber que derecha e izquierda sólo era donde se sentaban
unos y otros en el Parlamento inglés. Y después vino la Doctrina Social de la
Iglesia, y que a León XIII le llamaran comunista igual que algunos han dicho ya
de Francisco, y supe que si bien la política no es más que un instrumento, allí
donde estés tendrá un sentido u otro. Y vi que mi lugar aquí está mucho más a
la izquierda que a la derecha, porque aunque la derecha se llame falsamente
católica no hace más que machacar al débil y quitarle de facto las
posibilidades de crecer, de darse cuenta de su dignidad, de su valía. Me sedujo
la teología de la liberación a la vez que renegué de ella por su violencia,
pero cuánta valía tenían esas palabras.
A pesar de todo, hoy 13 de junio
de 2016 estoy tristemente desencantado. Tenemos las segundas elecciones a la
vuelta de la esquina y nuestros políticos dan asco y pena, unos porque quieren
ser más salvapatrias que otros pero olvidan a la gente que les vota, otros
porque tienen chaquetas multicolores, otros porque pueden aliarse con el
mismísimo diablo para obtener una silla calentita.
No lo tengo nada, nada claro, y
más tras haberme leído sobre todo las propuestas económicas de los principales
partidos (bueno, me he saltado a UPyD y al PACMA). O más de lo mismo o promesas
que o son incumplibles, o teóricas leyes que directamente atentarían contra la
Cosntitución, la Unión Europea y sobre todo la propiedad privada. Y los
autónomos seguirán machacados levantando sus pequeños negocios a pulso, y los
trabajadores seguirán siendo despedidos por cuatro perras, y repetiremos
burbuja y aquí nadie se hace responsable…
¡Qué hartura!
miércoles, 10 de febrero de 2016
La buena voluntad no basta
Llevo desde el viernes pasado
viviendo una ruptura personal definitiva que me está haciendo replantearme
muchas cosas.
Desde muy pequeño he vivido
imbuido en el asociacionismo, si bien no era muy consciente de ello hasta los
16 o 17 años. He pasado por un grupo scout, por tres Parroquias, Caritas,
asociación Kandil, y desde hace ya unos cuatro años miembro de una asociación
de padres de niños con altas capacidades.
Todo ese proceso me ha llevado a
creer de una manera firme que las cosas nunca salen
“por cojones” ni por mucho que te des contra una pared tu solo a pesar de que puedas tener o no razón. El tejido asociativo es necesario para unir fuerzas, convencer, tener repercusión, apoyarse, hacer autocrítica y reconducir el camino si es necesario.
“por cojones” ni por mucho que te des contra una pared tu solo a pesar de que puedas tener o no razón. El tejido asociativo es necesario para unir fuerzas, convencer, tener repercusión, apoyarse, hacer autocrítica y reconducir el camino si es necesario.
Esto me ha traído no pocos
dolores de cabeza, puesto que en cualquier lugar que se junte gente, cada uno
es de su padre y de su madre y todos pensamos de manera distinta. La cuestión
es si estás donde debes estar, y si los fines que persigues son los mismos que
el resto de los que están a tu lado, o si por el contrario tienes intereses
personales más o menos confesables que te van a
desviar y van a desvirtuar primero tu presencia ahí, y si eres lo
suficientemente convincente, van a hacer que ese grupo de personas empiece a
tirar en direcciones opuestas.
Digo lo de “mas o menos
confesables” porque es cierto que esa dirección la tomes inconscientemente o
que en la realidad sepas muy bien lo que quieres hacer y estés pervirtiendo los
fines de un grupo en beneficio propio.
En el seno de Caritas y Kandil es
donde pude comprobar claramente que la buena voluntad (así dicha, sin mas) es
insuficiente, peligrosa, incluso dañina. El “pan para hoy y hambre para mañana”
se hace realidad porque creyendo que haces un bien (inmediato) llegas a causar
un mal mucho mayor (posterior, a largo plazo, del que puede que tu no llegues a
ver las consecuencias).
Hubo una especie de epidemia de “activismo”
al que contribuyó que a no sé quién se le ocurriese la brillante idea de hacer
un “carnet de voluntario”, una especie de club de los guays en el que si no
estabas eras poco menos que un asocial. Parecía que si no estabas en 17 cosas a
la vez no eras nadie, sin ton ni son. La consecuencia habitual es que te
quemas, acabas renegando de todo y terminas por no hacer nada, porque los
resultados no son ni buenos, ni inmediatos.
Para que eso suceda lo menos
posible están los programas, los objetivos, los fines. Cada uno debería
preguntarse “desde dónde” hace las cosas, y no “para qué”. Siempre es bueno
tener una (o varias) figuras de referencia que tengan claro hacia dónde y sean
capaces de reconducir situaciones que se van de madre, con mano izquierda, y
que sepan reconocer cuándo están cansados para echarse a un lado y dejar que
entre savia nueva, reconocer sus propios errores y rectificar de manera
pública, porque no pasa nada por hacerlo.
Lo contrario crea climas
enrarecidos cuando no absolutamente tóxicos.
Me echo a un lado, no compensa,
no es útil ni provechoso. La última asociación a la que pertenezco me rompe
porque ya ni sus actividades están programadas ni pensadas para dar respuesta
ni siquiera a su nombre, ni se cuida ni mima a los que son los destinatarios
primeros y últimos de su creación: los niños.
Y tengo que recurrir de nuevo a
la coherencia, al contraste con otros que me permitan dilucidar si lo que yo intuyo
y veo es cierto o si estoy en un error mayúsculo dado que lo que esa asociación
ofrece no le va bien a mi hijo y eso podría nublar mi juicio, pero yo confío y
apoyo que a otros les pueda mejorar la vida.
Y no, no tiene sentido. Palos de
ciego por doquier, personalismos, pérdida de oportunidades de oro que se han
brindado en bandeja para hacer visible y lanzar un mensaje claro, común,
fuerte.
Me retiro a seguir formándome en este
área de las altas capacidades, tan de moda pero tan difuminada en los medios,
tan potencialmente buena como desdibujada en el presente, tan enriquecedora
para los educadores que lo ven como molesta para los que no lo quieren ver.
No puedo dar voz a algo con lo
que no estoy de acuerdo. Buscaré otros modos, otros medios, otros grupos…
domingo, 10 de enero de 2016
Papá ¿Qué es la dignidad?
Hace bien poco íbamos en el coche
y mi hijo me preguntó tras leerlo en un monumento: Papá, ¿qué es la dignidad?
Así de primeras te pilla a
contrapié. Él mismo sabe que es un concepto abstracto, y de ahí su pregunta.
Supone o cree que tienen algo que ver con los valores pero no es capaz de darle
un contenido concreto. Su pregunta está lejos de todo prejuicio, ya que las
marchas de la dignidad o el movimiento del 15M le pillaron demasiado pequeño
como para recordarlas, aunque fue testigo directo de las mismas.
Su madre y yo, sin ir a la
definición concreta le dimos unos ejemplos con los que pareció entenderlo en
parte. Y nos pareció que estaba bastante relacionado con la asertividad: hacer
valer tus derechos sin tener que pisar los de otros.
Hoy intento entrar algo más en
profundidad, puesto que creo que es un concepto del que se habla mucho y se
acaba desnaturalizando. Al buscar la definición de modo directo me encuentro
con:
“1.Cualidad del que se hace valer
como persona, se comporta con responsabilidad, seriedad y con respeto hacia sí
mismo y hacia los demás y no deja que lo humillen ni degraden.
2.Cualidad de la cosa que merece
respeto.”
La madre del cordero… Y ahora que
hemos tenido la gran pelea por las cabalgatas que no lo eran (o si), de si los
magos eran reyes, o magos, o magas, o hermafroditas, o políticos disfrazados o
actores que no se creían (o si) lo que estaban haciendo, cualquiera le pone el
cascabel al gato, porque claro, aquí cada uno se humilla con lo que le viene en
gana, y entran en juego los prejuicios, las creencias, los lavados de cerebro y
la interpretaciones intencionadas.
Voy a dejar el tema de las
cabalgatas porque como católico, ni fu ni fa. La Epifanía es una fiesta
bastante diferente del regalar cosas.
Creo que hay opciones que tienen
mayor calado, y de mucha más profundidad. Hace no mucho tuve la suerte de
compartir una de esas conversaciones que surgen cada bastante tiempo, en un ambiente
de retiro y de formación católica, y con alguien cuya experiencia y sentido de
lo importante (y no de lo urgente) me suele superar siempre para bien. Salió
por casualidad el tema de halloween y el holy wins, además de hablar del bien y
del mal, y me alegró bastante ver que mi idea contrastada con bastantes
personas más era refrendada por alguien de categoría. Ni por disfrazarte de
monstruito en halloween estás invocando al demonio, ni por votar al pp o a
podemos eres más o menos cristiano o católico. Se puede ser buena persona en
cualquier sitio, solo hay que tener claro por qué haces lo que haces.
No podemos ir por ahí haciendo
las cosas solo “por ir a la contra”, no debemos pontificar sobre banalidades.
¿No tenemos otra cosa que hacer que despotricar de unos trajes que, aun siendo
desacertados, a los niños les ha dado francamente lo mismo porque ellos estaban
viendo a los reyes magos? ¿No será que nos molestan cosas que si nos paramos a
pensar fríamente no tendrían ni que inmutarnos? ¿De verdad nuestra fe depende de cómo nos vistamos o de que salgamos a la calle de una u otra manera a manifestarnos? ¿No será que utilizamos todo eso para no mirar dentro y reconocer algo de nosotros mismos que no nos gusta?
Somos unos intransigentes de tomo
y lomo, porque además no solemos consentir que alguien cambie de opinión (y
todo el mundo está en su derecho de hacerlo) y atacamos con toda la artillería
hasta intentar influir en lo personal cuando alguien ha hecho algo por virtud
de su cargo público. Y la prensa más interesada que nunca según quién sea su
propietario no ayuda nada a esclarecer de qué va la vaina. Cuánta confusión.
Creo que dignidad es seguir tu
vida hasta al final, con sus planteamientos, aun a la contra, o siguiendo la
marea, pero siempre sabiendo qué, y sabiendo explicar el qué.
Al menos espero poder
explicárselo a mi hijo, con la cabeza muy muy alta.
sábado, 17 de octubre de 2015
Anatemas, Anticristos y Halloween
Hoy estamos a 17 de octubre del año de nuestro Señor de 2015. Llevo ya más de una semana viendo, particularmente en Facebook, mucho más allá de la típica coña de si Halloween es un desfile de chonis frikis o los americanos van a adoptar la romería del Cristo de los faroles como tradición, y es que parece que ser español y disfrazarse la noche del 31 de octubre parece poco más o menos que un atentado contra la hispanidad, la guardia civil, el papa y los reyes católicos.
Mire usted, pues no. Cualquiera que tenga hijos (y si todavía son pequeños os voy adelantando el futuro) sabrá que hay determinadas fechas hoy por hoy en las que por el solo hecho de pertenecer a la comunidad educativa, uno está implicado quiera o no, según la medida de sus posibilidades, pero no puede escaquearse de ninguna manera. Nuestros hijos podrán ser más o menos hábiles socialmente, tener más o menos amigos, ser popularísimos o no y eso hará que les inviten a más o menos fiestas de cumpleaños. Pero hay fechas que son: Halloween, Navidad, y Carnavales (por ese orden) en las que si nuestros hijos no se disfrazan mínimamente y nosotros colaboramos con el colegio, le estamos apartando de su vida, estigmatizando, haciendo que caiga en soledad.
Hagamos un poco de historia (Wikipedia y tradición del norte de España, Irlanda, y poco más): resulta que hará unos 3.000 años los Celtas ya celebraban una fiesta conocida como Samhain por el final de la cosecha, y el ponerse una máscara era para "ahuyentar" a los espíritus malignos y que pasaran de largo.
Posteriormente los romanos conquistarán a éstos pueblos y adoptarán para sí la fiesta del final de la cosecha. Con la declaración del Imperio Romano como católico, mezclamos las churras con las merinas y ya tenemos el saro montado para que la gente malpensada haga de su capa un sayo, puesto que fueron precisamente los Papas Gregorio III y IV los que instauraron el día de todos los Santos para cristianizar esta fiesta.
Con la gran emigración de irlandeses (católicos en su mayoría) a América, la tradición pasa a la cultura anglosajona, y de un rito de purificación o cambio de estación pasamos a lo que hoy es una fiesta de disfraces. El término nos es más que la contracción en ingles de la "víspera de todos los Santos".
Total, que si tenemos algo que reconocer es que los americanos tienen una máquina de mercadotecnia y de hacer dinero espectacular para montar de cualquier fiesta o celebración un objeto de consumo. Pero no divertirse ese día es como no celebrar la Navidad aduciendo que los americanos han hecho de ella un objeto de comercio. En nuestras manos está celebrarlo con disfraces hechos en casa, reciclados, enseñando a nuestros hijos a no malgastar el dinero y a disfrutar de las fiestas de otra manera.
Y sí, soy católico, y con mucho orgullo celebraré Halloween, porque en el colegio de mis hijos me lo pide, porque a mis hijos les divierte, y porque ese día me disfrazaré de lo que ellos quieran junto con mi mujer, porque no hago nada malo, y además a todos los curas que conozco les hace bastante gracia.
Chim pum.
Mire usted, pues no. Cualquiera que tenga hijos (y si todavía son pequeños os voy adelantando el futuro) sabrá que hay determinadas fechas hoy por hoy en las que por el solo hecho de pertenecer a la comunidad educativa, uno está implicado quiera o no, según la medida de sus posibilidades, pero no puede escaquearse de ninguna manera. Nuestros hijos podrán ser más o menos hábiles socialmente, tener más o menos amigos, ser popularísimos o no y eso hará que les inviten a más o menos fiestas de cumpleaños. Pero hay fechas que son: Halloween, Navidad, y Carnavales (por ese orden) en las que si nuestros hijos no se disfrazan mínimamente y nosotros colaboramos con el colegio, le estamos apartando de su vida, estigmatizando, haciendo que caiga en soledad.
Hagamos un poco de historia (Wikipedia y tradición del norte de España, Irlanda, y poco más): resulta que hará unos 3.000 años los Celtas ya celebraban una fiesta conocida como Samhain por el final de la cosecha, y el ponerse una máscara era para "ahuyentar" a los espíritus malignos y que pasaran de largo.
Posteriormente los romanos conquistarán a éstos pueblos y adoptarán para sí la fiesta del final de la cosecha. Con la declaración del Imperio Romano como católico, mezclamos las churras con las merinas y ya tenemos el saro montado para que la gente malpensada haga de su capa un sayo, puesto que fueron precisamente los Papas Gregorio III y IV los que instauraron el día de todos los Santos para cristianizar esta fiesta.
Con la gran emigración de irlandeses (católicos en su mayoría) a América, la tradición pasa a la cultura anglosajona, y de un rito de purificación o cambio de estación pasamos a lo que hoy es una fiesta de disfraces. El término nos es más que la contracción en ingles de la "víspera de todos los Santos".
Total, que si tenemos algo que reconocer es que los americanos tienen una máquina de mercadotecnia y de hacer dinero espectacular para montar de cualquier fiesta o celebración un objeto de consumo. Pero no divertirse ese día es como no celebrar la Navidad aduciendo que los americanos han hecho de ella un objeto de comercio. En nuestras manos está celebrarlo con disfraces hechos en casa, reciclados, enseñando a nuestros hijos a no malgastar el dinero y a disfrutar de las fiestas de otra manera.
Y sí, soy católico, y con mucho orgullo celebraré Halloween, porque en el colegio de mis hijos me lo pide, porque a mis hijos les divierte, y porque ese día me disfrazaré de lo que ellos quieran junto con mi mujer, porque no hago nada malo, y además a todos los curas que conozco les hace bastante gracia.
Chim pum.
jueves, 28 de mayo de 2015
Dulces momentos, amargos desahucios.
Este último mes, y más aún la
última semana, han sido frenéticos de sensaciones, vivencias y experiencias que
merecerán ser relatadas con el sosiego del paso del tiempo. He pasado de
subsistir en una empresa con el sueldo justo y el trabajo monótono, aburrido y
con jefes intransigentes a estar en otro lugar, mejor valorado, con menos
presión, con mucho mejor ambiente de trabajo. Parece que la perseverancia ha
dado sus frutos al fin.
Es para mí un momento dulce.
Tanto que alguien de confianza se puso en contacto conmigo con la intención de
ofrecerme un puesto de trabajo en un nuevo proyecto y desde el primer momento
supe que la respuesta era no. No para mi, y no en éste momento.
Es otra cosa la que hoy me tiene
un pelín trastornado y me exaspera, porque intuyo (y tengo muchos motivos para
hacerlo) que alguien se ha aprovechado de la buena fe de bastantes personas
utilizando un drama que sigue afectando a mucha gente: los desahucios.
En general, siento bastante
respeto por los miembros de las Plataformas de Afectados por la Hipoteca, Stop
Desahucios, y otros movimientos que han conseguido que más de un banco, caja o
fondo se lo piensen antes de desahuciar a nadie, sobre todo si es su vivienda
(las segundas residencias van todas al hoyo) y tiene familia. Se han armado de
razones y han conseguido demostrar que en algunos casos las cláusulas de muchas
hipotecas eran abusivas; que pese a firmarse con un notario delante el que
firmaba no tenía ni idea de lo que estaba comprometiendo; que la cláusula suelo
te la colaban de rondón y han ganado mucho dinero con ello…
Algo se escapa. Sin dejar de ser
cierto lo que he dicho antes, si consideramos el bajonazo de precios de las
casas, el miedo reputacional de muchas entidades a que salga en prensa que han
desahuciado a nadie, y la venta que muchas entidades están haciendo a otras (fondos)
de hipotecas a precios de saldo, a veces se están enrocando en posiciones que
no son nada favorecedoras, y que acaban con la gente en la calle (cuestión de
tiempo, pero sin casa) y con deuda (la subasta no cubre el valor de lo que se
debe y te quedas con lo que resta para toda tu vida).
Se creó un parche (que no es más
que eso, un parche, por muy legal que sea) que permite a las familias en
situación de exclusión social permanecer hasta el 15 de mayo de 2017 en sus
casas sin poder desahuciarles. La casa ya es del banco, sigues teniendo deuda,
pero no te echan hasta esa fecha. Vale, ganas tiempo, pero el problema lo
tienes igual o mayor que antes, te queda una deuda por pagar y cuando llegue el
15 de junio de 2017 no tendrás dónde ir, así que estarás abocado a cometer una
ilegalidad: ocupar una casa vacía (que las hay, y muchas).
Yo les diría que presionaran
antes. Los bancos se quieren quitar las casas de encima, no quieren el
ladrillo, solo quieren dinero, y con tal de eso están ofreciendo (no todos,
también es cierto) quitas y descuentos enormes, pero nos estamos enrocando en
que la gente no puede pagar y que se queden en su casa hasta que no haya más
remedio… Creo que es un error, pero solo es mi opinión, y sí, es interesada. Yo negociaría, buscaría la forma de vender, de pedirle dinero a quien sea, con tal de quedarme en mi casa, que para eso me ha costado mi (nuestros, el mío y el de mi mujer) esfuerzo.
Mi cabreo monumental viene cuando
la semana pasada por casualidad doy con alguien en facebook que dice que le desahucian
el 28 de mayo (hoy) por una deuda de tres mil euros (punto número uno, por tres mil euros de hiupoteca no se desahucia a nadie). Y yo todo confiado me
pongo a hablar con él, a recomendarle que busque ayuda cualificada, que
presente un escrito en un sentido o en otro. No entro en los pormenores, pero
algo no cuadraba. De hecho, no cuadraba desde que ves en su muro una cuenta
publicada para hacer ingresos, y resulta que “se ha obrado el milagro” y no le
han desahuciado. No me lo creo, pero más de uno ha picado y te ha hecho algún
ingreso.
Has picado en hueso, profesional y personal, me has herido el orgullo y has creído que podías convencerme de algo que no tenía justificación.
Seguimos siendo unos ingenuos, y
un poco de orden en algunas ideas no nos vendría mal. He sido y seguiré siendo muy crítico por cómo y por qué se hacen los deshucios aquí (sobre todo hipotecarios, los de los alquileres son otro cantar), pero no voy a creerme al primero que pase o al primer medio de comunicación que me ponga cuatro imágenes sentimentaloides. Los argumentos con pruebas, y las pruebas con documentos.
¡Hala! Ya podéis empezar a darme
cera, que sé que el tema es polémico.
sábado, 14 de marzo de 2015
¿La Crisis de los Cuarenta?
Recuerdo que tuve una compañera de trabajo
que al pasar de los 29 a los 30 estaba malhumorada, no quería ni que se la
felicitara, y cada vez que descubría una cana en su morena cabellera todos los
que estábamos alrededor y por supuesto no habíamos reparado en el pelo blanco,
nos enterábamos del suceso cual información de las noticias.
Me hace gracia haber tenido que calcular
exactamente cuántos años tengo. Me surgió la duda por las notificaciones de
alguna red social, y al ver mi propio perfil ponía un año más de los que
realmente tengo, así que he hecho las cuentas, a ver si me estaba quitando un
año (uno no anda por ahí diciendo la edad que tiene cada dos por tres). No,
todo correcto, sigo teniendo los mismos años que creía que tenía la semana
pasada.
Como si cumplir años fuese malo. A mí lo que
me hace mayor es ver crecer a mis hijos, los kilos de más, las oportunidades
perdidas, los sueños pendientes. Pero mi aspecto, para bien o para mal, pocas
veces me ha condicionado. Soy muy afortunado en muchos aspectos y tengo una
pareja más que comprensiva en éste otro.
Sí que me sentó mal que con trece años yendo
a comer con mis padres al servirme me llamasen “señor”. De verdad, ¿SEÑOR?, es
que no lo entendía. Todavía tenía pelo que peinar, jovencito, de buen ver.
Bueno, supongo que fue coletilla de la señora que nos servía, pero me pilló a
contrapié. No sé si por altura, por seriedad o por madurez, pero sí que estaba
habituado a que los niños más pequeños que yo, o mis iguales cuando no me
conocían, me echaran algún añito de más. Nunca me importó.
Y éste fin de semana pasado se deslizó el
mismo tema en una presentación (espero que no te siente mal si lo lees, Sonia)
y me hizo bastante gracia que la que solo tenía 39 años fuese una pipiola.
Pocas veces he entendido lo de la crisis de los cuarenta. Tampoco desde el
punto de vista laboral, ya que yo opino que es una etapa muy rica en unión de
una experiencia suficiente, y una vitalidad que puede dar muchos frutos. No me
parece ni justo ni fundamentado.
No os he dicho mi edad (aunque la mayoría la
sabéis). Ésta mañana al terminar una conversación con un cliente una compañera
me ha dicho que tengo voz de locutor, y tan contento. El que no se consuela es
porque no quiere.
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